Indicadores de alta inteligencia sensible (PAIS)

Las personas con alta inteligencia sensible (PAIS), según la combinación de su sensibilidad, racionalidad y temperamento, pueden manifestar lo que Dabrowski deniominó “regalo envenenado”, pues sin duda es un don recibido que mejora sus prestaciones personales, pero a la vez, suponen una fuente de sufrimientos si no se autoeduca.

Para confirmar que estos indicios son manifestación de una alta inteligencia sensible (AIS), sería necesario valorar si efectivamente la persona manifiesta una alta sensibilidad, una racionalidad suficiente y un temperamento en el que los impactos de «lo otro», que no soy «yo» resultan altamente significativos para la persona en su toma de decisiones.

También puede ocurrir que en una misma persona se superpongan varios de estos indicios o puede que haya un poco de todo pero mostrándose uno claramente de forma dominante.

Sensualidad sensible

La persona es capaz de sentir con alta intensidad sus percepciones lo que le puede llevar a experimentar cada instante con gran vivacidad. La sensualidad sensible se expresa como una experiencia intensificada de placer o disgusto sensual que emana de la vista, el olfato, el tacto, el gusto y el oído.

Este rasgo requiere de una educación sensible basada en la conciencia para tender a la autorrealización de la propia originalidad y no tender desordenadamente a saciar las estimulaciones sensoriales.

La persona con sensualidad sensible tiene grandes posibilidades en nuestra sociedad frenética de convertirse en dependiente de las sensaciones, que en contextos de disfuncionalidad familiar pueden llevar a la adicción de sustancias, pantallas, experiencias, etc. La educación grosera lleva a que las personas dejen de captar la tendencia de su originalidad quedando atrapadas por el tsunami de sensaciones que nunca será satisfecho.

La psicomotricidad sensible

La persona vive con una mayor excitabilidad del sistema neuromuscular. Esta intensidad psicomotora le muestra al mundo como alguien activo y enérgico. Si amor por el movimiento autopropulsado, su exceso de energía demostrada por el habla rápida, efusividad, actividad física intensa y una necesidad de acción puede resultar incómoda para los demás o incompatibles con ciertos requerimientos escolares o sociales que le hacen candidato a la etiqueta de TDAH.

La educación sensible supone la aceptación del rasgo, la creación de oportunidades de movimiento y desfogue motórico y verbal, y a la vez, desarrollo del autocontrol motórico desde la conciencia. La educación grosera tiende a penalizar este comportamiento o a relegar su valor solo al mundo del deporte.

La empatía sensible

La persona tiene una gran compasión por los demás debido a su capacidad para comprender a los demás (no solo leer emociones, sino comprender motivos y causas que as generan). Cuando este rasgo no se controla la persona puede sentir lo que sienten los demás en su propio cuerpo. Abandonarse a esta empatía emocional puede nublar la empatía comprensiva de causas y motivos.

La educación sensible de este rasgo lleva a cultivar una forma de ser cariñosa y responsable que los motiva a ayudar a los demás, pero si la educación es grosera (no sensible) esta tendencia a la ayuda se convierte en una especie de culpabilidad, una necesidad desordenada. La educación sensible de este rasgo hace excelentes educadores, comunicadores, médicos, mediadores, orientadores y terapeutas. La educación grosera le hace vivir en continuo sufrimiento, que no son los suyos sino de los demás, la culpabilidad y en el agotamiento de quien absorbe las emociones de todos.

La intuición sensible

Lleva a la persona a percibir indicios que le permiten detectar información importante que de otro modo sería ignorada. Al vivir con un extra de información, se hace muy consciente de la vida de sus “nosotros”. Le resulta sencillo detectar interconexiones entre hechos y personas debido a su hábilidad para leer el lenguaje corporal y microexpresiones. Cuando asume un rol de liderazgo puede convertirse en catalizador de tendencias sociales importantes. Debido a que puede anticipar consecuencias, puede llegar a ser muy influyente. Esta capacidad ayuda a planificar al ver las interconexiones y patrones de las dinámicas sociales.

Una educación sensible ayuda a la persona intuitiva a confiar en sí misma y a la vez, dejarse asesorar para confirmar sus hipótesis y evitar errores, pues todas sus intuiciones no tienen por qué ser acertadas. La educación grosera puede llevar a que estar personas se sientan abrumadas por sus expectativas de lo que está por venir, pueden desarrollar hábitos de pensamientos irracionales que solo les haga fijarse en sus intuiciones catastrofistas o sean tratadas como impertinentes o listillos. También puede ocurrir lo contrario, que sean encumbrados por sus dotes de anticipación y se conviertan en narcisistas encerrados en su parecer.

La imaginación sensible

La persona puede percibir el mundo, el espacio y el tiempo como un todo que puede ver desde diferentes perspectivas, incluidas la de los demás si tiene desarrollado el talento de la empatía. Su visión interior es tan clara y amplia que la verbalización puede ser caótica o mostrarse en forma de dislexia al pasar de la descodificación de textos lineales a su mapa mental global. Los sueños se recuerdan con una precisión, detalle y claridad increíbles.

La imaginación sensible facilita la capacidad de diseñar, crear, innovar e imaginar lo que podría ser y que tendría que pasar para que pueda ser. Esto hace que la visión sea una auténtica locura de posibilidades que puede llevar a la persona a sentirse abrumada por el futuro y manifestarse en forma de déficit de atención. La imaginación sensible con una empatía común es un talento estupendo para encontrar soluciones técnicas en ingeniería, arquitectura o diseño de cualquier cosa.

Cuando se conjuga con la empatía, la persona tiende a poner el foco más en las personas que en las cosas llevándole a buscar ocupaciones que sacien su sed emocional y tendencia a la compasión.

Con educación sensible, las personas con imaginación sensible pueden adueñarse de su mente y percibir soluciones que aprovechen al máximo el entorno para la vida y la funcionalidad. La educación grosera le puede llevar por caminos de dolor profundo, ansiedad, depresión, apariencia de TDHA, dislexia, problemas de autoestima, apariencia de autismo.

La memoria sensible

La persona recuerda como si fuera ayer acontecimientos que para cualquier otro resulta insólito retener. La educación sensible, ayuda a integrar los recuerdos en la verdad del corazón. Asumir los hechos, comprenderlos, perdonar, agradecer. Si la educación es grosera, supondrá una fuente de resentimiento, rencor, tristeza, rabia, paralización.

La racionalidad sensible

La persona busca la verdad más profunda; conocer, analizar, sintetizar, argumentar, valorar, relacionar: la persona tiene una mente muy activa y curiosa. Suelen ser ávidos lectores cuando no se unen otras sensibilidades que dificultan la lectura. Tiende a ser muy observador. Es capaz de concentrarse y dedicar un esfuerzo intelectual prolongado con toda naturalidad y sensación de disfrute.  Sele ser tenaz en la resolución de problemas cuando les interesa. Disfruta con los grandes planteamientos, las teorías y le gusta hacer consideraciones morales de los hechos. Este enfoque en el pensamiento moral le puede llevar a cierta preocupación ética y preocupación por las grandes injusticias del mundo. La persona con racionalidad sensible tiende a la independencia intelectual, que se lo cuestiona todo incluso sus propios discursos. Suele impacientarse con otras personas que no pueden mantener su ritmo intelectual. O puede emocionarse tanto con una idea que interrumpe en momentos inapropiados.

La educación sensible ayuda internamente a la persona a armonizar esta racionalidad con el resto de sensibilidades, el temperamento, y externamente, a comprenderse ante los demás, a comprender a los demás y desarrollar un carácter y competencias con humildad intelectual y grandeza de ánimo. La educación grosera hace que la persona con este rasgo se sienta rara, aburrida, desplazada, incomprendida. Puede tener problemas de adaptación, incluso problemas existenciales.

La expresividad sensible

La persona con expresividad sensible se manifiesta creativa y utiliza la expresión para encarnar la belleza, la comedia y la tragedia que perciben en el mundo que le rodea. Comunica sus ideas audaces y emociones fuertes con un alto grado de arte. No tienen que ser actores, bailarines, pintores, cantantes o escritores.

La persona con expresividad sensible puede dedicarse a la educación, al mundo de la comunicación o a cualquier otra dedicación que requiera de la interacción humana. Esta cualidad no solo se utiliza para crear obras de arte significativas que guíen la comprensión de los demás en cuestiones profundas de la vida humana, sino que su quehacer cotidiano lo convierte en una especie de representación escénica en la que interpretan con su vida el mensaje profundo del vivir humano desde la perspectiva de su profesión. Esta capacidad ayuda al “nosotros” a encontrar un significado compartido y une a las personas con su imaginación vívida, inspiración y creatividad.

La educación sensible da oportunidades para que todos se puedan expresar sin miedo a la exposición de su interioridad manifestada. La educación sensible invita a expresar con belleza y prudencia, la educación grosera genera ansiedad al vivenciar que vale lo que sepa expresar y lo que es y no expresa, es como si no existiera. Y si se juntan otros problemas de autoafirmación, la expresión puede ser una fuente de sufrimiento buscado con efecto narcótico por la adrenalina de la exposición del “yo” que se juega ser aceptado. Otro efecto de la educación grosera puede ser el de ver este talento como algo “útil” para dejar de ser manifestación de sí y convertirse en imitador de calidad de lo que pide el “espectador”.

Desarrollar miedo o amor, esta es la cuestión

El caso es que todos estos rasgos mal atendidos o desatendidos son una fuente de ansiedad, depresión y sufrimiento en general. La persona se ve abrumada, le baja la autoestima, se hace conformista con su entorno, prioriza en la búsqueda compulsiva de la aceptación y todo su talento, en lugar de ponerlo al servicio de su originalidad para servir a los demás y a sí mismo, los pone al servicio de los demás de forma despersonalizante y dañina para todos. Y al contrario, bien atendidos, son una fuente de satisfacción, servicio y resolución de problemas.

Si se atiende a la Inteligencia Sensible la persona crecerá con mentalidad de desarrollo, pero si se desatiende, se desarrollará con mentalidad de déficit.

Cuando la persona logra comprenderse a sí mismo y comprender su situación con relación al mundo y al “nosotros”, la educación sensible se ha realizado al 50% pues ya solo queda sobre todo la autoeducación que, con estas sensibilidades, la persona desarrollará con gran entusiasmo y esperanza, a pesar de los pesares que le ocasionen la alta intensidad de su vivir, la sobrecarga sensorial y emocional, la tendencia al movimiento, al pasado, al futuro.

Si no se da este 50% del autoconocimiento y si, además, el ambiente es algo disfuncional, la PAIS es posible que cultive un miedo abrumador al rechazo. Cuando siente que ha decepcionado a alguien, incluso con la distorsión de la percepción que le da la falta de autoconocimiento que le hace no captar la realidad nosística tal y como es, pero le hace sentir una vulnerabilidad insoportable.

Hay diferencias entre la sensación de sensibilidad al rechazo, trauma en la vida temprana y sobrecarga sensorial-emocional, pero suelen presentarse en combinación retroalimentativa.  En mi propio trabajo he encontrado que el trauma de la vida temprana tiene una cierta calidad sin palabras.

La educación sensible puede evitar que se produzca el trauma, pero también ayuda a sanar las heridas del pasado y cuando la PAIS sana sus propios traumas, puede prosperar y disfrutar de los beneficios de su potencial de desarrollo, y ponerlo al servicio de los demás.

Aunque la educación sensible no buscará el trauma si se sirve de este para enseñar a la persona, que al superarlo es capaz de actuar con fuerza en su entorno por su sensibilidad en lugar de sentirse herido por ésta.

Al conocerse a sí mismo, la persona se hace cargo de la situación y puede discernir lo que necesita para desarrollarse y rendir con vistas a su crecimiento original sin desviarse de su visión.